Una vida sin retos no es vida

Una vida sin retos no es vida. A los retos vitales (familia) e ineludibles (trabajo) hay que añadir otros que nos fabriquemos nosotros mismos. Retos que se hagan por gusto, por el placer de llevarlos a cabo, desafíos que motiven, que saquen a relucir sensaciones escondidas. El campo es amplísimo. Desde componer una sinfonía a regar margaritas, pasando por cruzar el Atlántico. A mí me gusta el deporte. Y dentro del deporte, lo más duro: correr, pedalear, subir, bajar, nadar... Sólo haber nacido a 500 kilómetros de la costa más cercana impide añadir a la lista otra pasión que debe de estar por ahí, oculta: navegar. De haber tenido el más mínimo contacto con el mar en la infancia, no dudo de que navegar estaría a la altura de la pasión que siento por correr o pedalear. Por eso uno se considera un navegante en tierra.

El reto de este año me llevará cerca del mar, al norte. Al desafío conocido como "Los 10.000 del Soplao", un tremendo recorrido en bicicleta de montaña a través de 166 kilómetros por la geografía cántabra. Si "Los 10.000 del Soplao" ya son suficientemente duros, la cosa se puede complicar. Existe una subcategoría con un nombre neutro e insípido pero que esconde unas cifras terribles. Se llama "La Combinada del Soplao", 45 kms de carrera de montaña+108 kms. de bicicleta de montaña. Todo seguido. Quitarse las zapatillas y subirse a la bici. Un experto en marketing lo hubiera llamado "El Matahombres del Soplao", pero lo han dejado en "La Combinada", que es menos inhumano.

Ese es el reto y el desafío. Ni sinfonías ni margaritas. Y para eso corremos y pedaleamos con cierta regularidad desde hace un mes y eso es lo que iremos contando en esta bitácora. De momento, la suerte es desigual. Puedo pedalear pero no puedo correr. Algo, en forma de lesión, me muerde en el gluteo en cada zancada. Se llama Síndrome del Piramidal, típica lesión de quien corre por asfalto o por terrenos irregulares. La recomendación del doctor es: "Corre lo que te permita el dolor" "¿Y si me duele muchio, doctor?" "Pues no corras". Y en esa fase estamos, en la de "no corras". Pero eso no significa que estemos componiendo sinfonías o regando margaritas. El piramidal no permite correr pero sí permite pedalear. Mantenemos el tipo a base de bicicleta, con la esperanza de poder volver a correr algún día. Esta semana ha habido un intento fallido. Planificamos una salida de 60 minutos y en las primeras zancadas ya estaba ahí la mordida. Una hora después, seguía ahí. Varios días después, también sigue ahí. Así que "no corras".
La bici de montaña sirve de consuelo y hace de psicóloga. La falta de carrera la está pagando con creces la bicicleta y ni el viento ni la lluvia ni el frío paran a este navegante en tierra.
Buena travesía.
 

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